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El desarrollo de la actividad humana a nivel domestico, industrial y agrícola conlleva un aumento del consumo de agua. La necesidad de reutilizar esta agua así como de evitar focos de contaminación lleva implícita la necesidad de su depuración. Como resultado de esta depuración aparecen como subproductos unos lodos de consistencia pastosa y composición variable en función de las características de los influentes que llegan a la EDAR, que se caracterizan por ser un recurso importante de materia orgánica y nutrientes (Costa et al., 1987). La creciente generación y acumulación de estos lodos representa un problema importante que urge resolver, siendo necesario buscar vías de reutilización de los mismos coherentes y respetuosas con el medio ambiente.

Al margen de la problemática de la acumulación de lodos y la necesidad de darles un uso adecuado, nos encontramos  con que uno de los problemas medioambientales más importantes de la actualidad es la contaminación de los ecosistemas terrestres y acuáticos por derrames de hidrocarburos de petróleo y sus derivados (Samanta et al., 2002). Los hidrocarburos son altamente tóxicos para los microorganismos e invertebrados (Alexander, 1999) constituyendo un riesgo potencial para la salud, mayor cuanto mayor sea su resistencia a la degradación. En el caso del suelo, la contaminación por hidrocarburos provoca la reducción o inhibición del desarrollo de la cobertura vegetal, cambios en la dinámica y diversidad poblacional de de la fauna y la biota microbiana, y la contaminación de aguas subterráneas y superficiales. En las plantas, los hidrocarburos pueden dañar las membranas celulares y reducir el trasporte metabólico y la velocidad de respiración, así como reducir el intercambio de gases y agua a nivel radicular y la absorción de nutrientes (Chaineau et al. 1997; Xu and Jonson, 1995). Además de este impacto ambiental negativo, la contaminación con hidrocarburos genera impactos de tipo económico, social y de salud pública en las zonas aledañas al lugar afectado.

En las Empresas petroquímicas, la obtención de productos derivados del petróleo conlleva el uso constante de aguas, las cuales hay que depurar de forma adecuada para evitar problemas de vertidos. Es precisamente durante la depuración de este tipo de aguas empleadas en refinerías de petróleo cuando surgen unos efluentes de carácter orgánico y consistencia pastosa, que se caracterizan por estar constituidos por hidrocarburos (en torno al 20-40%) con un número de carbonos que varía del rango de C9  a C20  (Demque et al., 1997). Esta producción de efluentes con elevado contenido en hidrocarburos plantea el problema de su eliminación. Sabemos que su disposición no controlada puede crear problemas tales como la contaminación de aguas subterráneas y contaminación atmosférica (Clark, 1995). Algunos de los hidrocarburos que incorporan estos residuos orgánicos, debido en muchos casos  a su bajo grado de degradación, pueden introducirse fácilmente con el tiempo en la cadena alimentaria. La agencia de protección ambiental europea (EPA, 1976) sensibilizada por la problemática que éstos hidrocarburos pueden llegar a ocasionar, incluyó 16 hidrocarburos en la lista de contaminantes prioritarios.

En la actualidad es una práctica frecuente la disposición periódica de estos efluentes en terrenos situados en las inmediaciones de las refinerías, adecuados a tal efecto, con el fin de conseguir la eliminación de los hidrocarburos contenidos en los mismos mediante atenuación natural, es decir por medio de los microorganismos existentes en el suelo, que utilizan los hidrocarburos como fuente de carbono. Sin embargo, el proceso de “atenuación natural” es muy lento y puede durar muchos años. Como consecuencia de la disposición repetitiva de estos efluentes de refinería sobre un mismo suelo nos encontramos con una gran cantidad de suelos que soportan una carga muy elevada de hidrocarburos, que el suelo no es capaz de degradar a corto o medio plazo, representando un riesgo de contaminación atmosférica así como de aguas superficiales y subterráneas, por lo que se hace necesario la implementación de técnicas que permitan acelerar la degradación de los hidrocarburos existentes en estos suelos.